lunes, mayo 15, 2017

PRÁCTICAS DE ESCANCIADO


lunes, abril 17, 2017

SALTO DE PÉRTIGA


miércoles, abril 05, 2017

ENCANTADOR DE SERPIENTES (SIGLO XXI)


lunes, marzo 27, 2017

PENA DE MUERTE


miércoles, marzo 15, 2017

REVOLUCIÓN GASTRONÓMICA


sábado, enero 21, 2017

UN FANTASMA DE PESO


viernes, enero 06, 2017

LA CANASTA DEL HORROR


domingo, diciembre 18, 2016

INSOMNIO

Insomnio de fin de semana (Weekend insomnia), una aventura en dos episodios:
Episodio I (Friday on my mind): noche del viernes, tengo una cena de navidad con compañeros de impro. Salimos del restaurante a las tres, me despido de la gente, y voy andando tranquilamente a Moncloa, pensando en coger el autobús de las cuatro menos cuarto de la mañana. Cuando llego, me doy cuenta estupefacto de que me hecho un lío con los horarios, que el autobús para Majadahonda hace diez minutos que salió -si llego a haber impreso un ritmo más vivo a mi caminar, lo habría cogido-, y que el autobús que me dispongo a coger también me dejará en casa, pero pasando antes por Pozuelo, La Almunia de Doña Godina, Moenchengladbach, Timbuctú y las ruinas de Barad-dûr. Cuando llego a mi pueblo, observo encantado que los comercios empiezan a abrir sus puertas.
Episodio II (Saturday night fever): estoy en un maratón de impro que termina a las tres y media de la mañana (en el que por cierto, llevo a cabo mi viejo sueño de salir a escena haciendo de volcán en erupción). Para evitarme las cuitas con el transporte público del episodio anterior, he dejado el coche cerca (no en el templo de Debod, como fue mi costumbre durante años). Voy al coche, entro encantado en la carretera de La Coruña, pensando en la proximidad de mis sábanas y almohada, y al principio no hago mucho caso a los carteles que me advierten de que puede haber un problema más adelante, y que vaya despacio. Pero poco a poco el tráfico empieza a hacerse más denso, hasta que finalmente mi sueño de acabar en la cama se ve aplazado indefinidamente por un tapón en que se avanza con velocidad de caracol tripulado por Fernando Alonso. Los tres carriles de la carretera de La Coruña se van paulatinamente comprimiendo en uno, y tras varias horas formando parte de este interesante fenómeno observo que el motivo es que la Guardia Civil ha tenido a bien deleitarnos con un control de alcoholemia. Doy cero porque no me acercado a nada etílico en las últimas veinticuatro horas, pero miro el reloj y calculo que, con el tiempo que ha pasado desde que salí del maratón, de haber vaciado las destilerías DYC y la mitad de las de Johnnie Walker también habría obtenido el mismo resultado. Cuando finalmente llego a mi barrio, observo jubiloso cómo la gente se congrega en las iglesias con el fin de participar en los ritos dominicales.

jueves, diciembre 01, 2016

ATLETISMO URBANO


miércoles, noviembre 16, 2016

MANICURA MEDIEVAL


jueves, octubre 27, 2016

¿COMIDA SANA?


lunes, septiembre 19, 2016

GOLF AUSTRAL


jueves, julio 28, 2016

ROMANTICISMO INDIO


sábado, julio 09, 2016

CUIDANDO LA ALIMENTACIÓN


viernes, junio 24, 2016

LA INQUISICIÓN ESPAÑOLA


sábado, junio 11, 2016

MÚSICA PIRATA


lunes, mayo 02, 2016

EL FABULOSO MUNDO DEL CIRCO


viernes, marzo 25, 2016

WIMBLEDON

Otro de mis dibujos de toda la vida, y que todavía no había publicado aquí.

martes, febrero 09, 2016

PUENTING MEDIEVAL

Un dibujo que hice hace años y que no me quedó muy allá, y que he retocado un poco.

sábado, noviembre 07, 2015

LA CACERÍA

Un dibujo de hace años, que todavía no había publicado aquí.

sábado, octubre 31, 2015

EL BILLAR EN LA ISLA TORTUGA


sábado, octubre 03, 2015

EMULANDO A GASOL


lunes, julio 27, 2015

PIONEROS DE LA AVIACIÓN


miércoles, junio 17, 2015

BUSCANDO EL TRONO


viernes, abril 17, 2015

DESPEDIDA DE SOLTERO (un monólogo del espacio)

Por favor, no me interprete mal, yo no tengo absolutamente nada en contra del matrimonio. De hecho, estuve casado una vez y, de la misma manera que a usted, mis amigos me organizaron una pequeña despedida de soltero. Sí, señor Hutchinson, aunque estudiara astrofísica en la Universidad de Winnipeg, yo tengo amigos.  ¡Y no todos son programas de ordenador, los hay hasta humanos! Bueno, como le iba diciendo, yo sé lo que son los ritos esos. En mi caso, tomamos unos ponches, fuimos a un local donde había chicas y, cuando apareció una vestida de Barbarella, me desmayé. Sí, no me mire con esa sonrisilla,  los psicólogos de la agencia me dijeron que es una reacción normal. Bueno, volviendo a las despedidas digamos más comunes, incluso he oído hablar de gente a la que le meten en trenes, sin dinero para comprar un billete de retorno. Pero, señor Hutchinson, esto es demasiado.

¡Sí, demasiado, lo suyo no es ni medio normal!  ¡Explíqueme ahora qué voy a hacer con usted! Porque ni se imagine que voy a llamar a la base, y que les voy a decir que me han metido un gilipollas en el módulo de mando. Ni que voy a cambiar la trayectoria ¡ni un solo grado! para que ese gilipollas llegue a la iglesia. ¡Y no me mire con esa cara de pánfilo del espacio! ¿Que no puede vivir sin perderse entre los ojos de su novia, sin rodearla con sus brazos, y sin practicarle cochinadas a la luz de la luna? ¡Pues coja un traje, salga y haga auto-stop! ¡Si tiene suerte, pillará un meteorito que vaya a la Tierra y, si hay más suerte todavía, ese meteorito librará a la Tierra de todos los mentecatos como usted!

Para que se entere, esta misión que usted pretende torpedear ha costado veinte billones de dólares. ¡Sí, billones, con b de beodo bastardo de Baltimore, que es lo que es usted! Y, lo que es más importante, ¡yo llevo años preparándome para esta misión que pretende torpedear! ¡Me costó el matrimonio, especie de tarugo cósmico!   ¡Tuve que elegir entre ella  e ir a Marte, y no dudé porque este era el sueño de mi vida! ¡Y yo la quería muchísimo! ¡Para que se entere, era preciosa! ¡Se parecía a la princesa Amidala!


Así que, querido señor Hutchinson, si quiere contraer matrimonio, lo único que puede hacer es esperar a que regresemos a Houston. Por cierto, creo que se me ha escapado. ¿Le he dicho que mi misión o, mejor dicho, nuestra misión, es establecer una base permanente en Marte? Pero, por favor, no me mire con esa cara, no estoy bromeando. ¿De verdad cree usted que la NASA se va a gastar veinte billones de dólares, con b de barbudo botarate de Boston, para que usted y yo nos hagamos unos “selfies” y clavemos una banderita en el suelo? ¡Eso es imposible! ¡Para que se entere, el contribuyente de los Estados Unidos de América nunca lo permitiría! Así que le recomiendo que haga algo útil y me ayude en mis investigaciones. 

Y, querido señor Hutchinson, si encontramos una bacteria u otra forma de vida en Marte, le prohíbo terminantemente que se case con ella. ¡Y, menos aún, que le hagan una despedida de soltero!

viernes, abril 10, 2015

ECONOMÍA COLABORATIVA


lunes, febrero 24, 2014

BUSCANDO NUEVOS FICHAJES

Humor y baloncesto, y en apenas cuatro minutos. Este vídeo fue grabado en la muestra final de un curso de dramaturgia al que fui. No os lo perdáis, es divertidísimo.


lunes, febrero 17, 2014

MICROTEATRO

Aquí podéis ver los vídeos de mis obras "El hotel de los bichos" y "Trabajo científico", que se representaron el año pasado en La escalera de Jacob.




viernes, abril 16, 2010

EL NIDO DEL MONSTRUO

Los niños juegan al fútbol callados como tumbas de bolsillo. El balón rueda sin que nadie lo pida en voz alta, las jugadas polémicas se resuelven a puñetazos pero sin amenazas previas y, cuando alguien mete un gol, lo celebra mimando alguna obscenidad. Da igual, el dinosaurio arranca desde el seto de laurel nada más empezar el segundo tiempo, carga levantando una nube de polvo hacia el centro del terreno de juego, con el mismo dichoso rugido de siempre y, una vez más, cuando los niños se han ido coge el balón entre sus diminutos brazos, y vuelve sobre sus pasos con toda la calma del mundo.

Y después ya nadie se calla. Nilín hace honor a su nombre y se pone a llorar, Torpedo intenta derribar los árboles con sus zapatillas de último modelo, Cris maldice a los adultos, cuyas reacciones fluctúan entre la risa y la bofetada cuando algún niño intenta convencerlos de la existencia del monstruo del parque, Laurita la eterna suplente arroja su muñeca al suelo. Ernesto es el único que mantiene la calma, se dedica a mirar un aparato verde cuya pantallita está llena de mapas y coordenadas.

Al cabo de unos minutos, hace callar a todo el mundo

-¿Veis esto? –dice, mostrando el artefacto -. Pues coloqué un transmisor en el balón antes del partido, y aquí sale por dónde va.

Toño le grita que miente, Torpedo le arroja una de sus zapatillas de último modelo, por suerte sin que haga blanco. Los demás se quedan callados.

-Voy a ir tras el monstruo –continúa Ernesto -. ¿Quién se viene conmigo?

-¡Yo! –contesta Hugo.

-¡Y yo también! –responde Laurita la eterna suplente.

-¿Nadie más? –Ernesto pone una mueca de burla en su cara -. Anda, que vaya panda de gallinas que sois.

Vuela la otra zapatilla de Torpedo, sin que tampoco esta vez tenga éxito. Los tres niños salen del claro, agitando los brazos y cacareando.

Caminan de puntillas, evitando las hojas secas y las ramitas del suelo y retorciendo el rostro cuando por error pisan una, y su camino les lleva al montón de hierros oxidados, ladrillos rotos y cemento que, según sus padres, es lo que queda de la antigua casa de fieras. Los niños saltan la valla de obras que el ayuntamiento puso hace años, se las arreglan para caer al suelo sin hacer un solo ruido, y reptan entre los cascotes como si fueran guerrilleros de talla mínima. Un gruñido cercano hace que se escondan tras los restos de un muro.

Pasan un tiempo quietos y casi sin atreverse a respirar, y al fin Hugo eleva su cabeza, despacio, muy despacio, hasta que sus ojos llegan a un huequecillo que hay entre dos grietas del muro. Cuando baja, les hace señas a sus amigos para que miren ellos, y se cambia de sitio con Laurita.

Es nada más y nada menos que un nido, la pila de ramitas, hierbas y hojas secas sobre la que está sentada el monstruo es lo mismo, aunque a mucho mayor escala, que lo que los niños están acostumbrados a ver en los árboles y en los documentales de fauna salvaje. Y como sucedáneos de huevos tiene, por increíble que parezca, los balones que el dinosaurio ha ido robando.

-Anda, que qué bicho más pringado –se ríe Ernesto alrededor de cinco minutos más tarde, cuando los tres están los suficientemente lejos del zoológico para poder hablar -. ¿Os habéis fijado cuando se levantaba y miraba los balones, lo triste que se ponía?

-Oye, tú que eres bueno en ciencias –dice Hugo-. Si le salen hijos, ¿qué serían? ¿Del Madrid o del Barça?

-Pues qué queréis, a mí me da pena –responde Laurita.

Poco después, ella lleva a la casa de Edu el fuerte que le trajeron los reyes con todos los indios y los soldados del Séptimo de Caballería, y se lo cambia por su dragón teledirigido. Ya de vuelta en su habitación, le pone unas pilas carísimas pero que el de la tienda le ha asegurado que son casi eternas, y se pasa la noche aprendiendo a manejarlo.

Al día siguiente, los tres vuelven a las inmediaciones del antiguo zoológico.

Una vez se han asegurado de que el dinosaurio no les está viendo, Laurita saca el dragón de la bolsa donde lo tenía guardado, los niños corren a esconderse detrás de unos rosales, y Laurita empieza a accionar el mando. El dragón se mueve en todas las direcciones, a veces gruñe y otras veces pega gemidos lastimeros.

El dinosaurio no tarda en aparecer. Mira al dragón, se agacha para olerlo, responde a los ronroneos por control remoto con un sonido parecido, y se tira al suelo para jugar con su recién encontrado hijito. Poco después, se internan los dos entre los robles del bosque de las ardillas, seguidos a poca distancia por Laurita, mientras Ernesto y Hugo van al zoológico a recuperar los balones.

Al día siguiente, los niños vuelven a jugar un partido completo, mucho tiempo después del último. Laurita la eterna suplente no está en el campo, pero todos los goles van dedicados a ella.

viernes, marzo 19, 2010

SACRIFICIO

Este es el microcuento con el que he participado esta semana en el concurso "Relatos en cadena", de la Escuela de Escritores y la Cadena Ser. El tamaño máximo es cien palabras, de ahí su concisión.

-¡Imbécil! –brama el dios Ka-Ulta -. ¿Qué es esto que me has traído?

-Oh, mi señor, esto es una riquísima ensalada del chef, con lechuga, tomate, cebolla, apio, unos aguacates, y aliñada con aceite virgen de la mejor calidad –se mueve de un lado a otro Magorz, el sonriente hechicero, mientras agita los brazos.

-¡Me da igual que os hayáis hecho todos vegetarianos! ¡Exijo sacrificios humanos, como antes! ¿Comprendes? ¡Sacrificios humanos!

-Oh, pero qué horror, no…

-¡Es mi última palabra! ¡Lárgate!

-¡A que nos acabamos convirtiendo al cristianismo! –dice el hechicero, justo antes de desaparecer detrás de una roca.

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