viernes, septiembre 18, 2009

A LAS DOCE, CALABAZAS

-¡Tíos, que la tenemos!

Chuck y el Birriazi entrechocan las palmas de sus manos, y Castro da un cuantioso trago a la botella de vodka antiplagas. Ha sido mucho más fácil de lo que pensaban. Un ataque por sorpresa, un pañuelo impregnado de cloroformo, y ahí la tienen, atada y amordazada en el maletero del coche. Vestida con su kilométrica túnica de lunas y estrellas y su sombrero puntiagudo, pero con su varita a salvo en la guantera, lejos de donde puede hacer daño.

Son las siete de la tarde, todavía quedan cinco horas para que los coches de Chuck, el Birriazi, Castro y el resto de los chicos de la clase se transformen. En teoría hay mucho tiempo para persuadirla a que rectifique, pero todo lo que saben los secuestradores lo han sacado de Internet, y en ninguna página se explica cómo quebrar la voluntad de un hada.


Un hada que nadie se explica a santo de qué tuvo que montar esa tienda.

En cuanto han descargado a la anciana y la han encerrado en el cobertizo viejo, los tres amigos se sientan en el suelo y apuran la botella de vodka antiplagas. La conversación es errática, tan pronto discuten sobre torturas como rememoran los hechos que condujeron a esta situación.

Al principio, cayó bien su negocio de coches usados para adolescentes. Los precios eran bajísimos, y los vehículos estaban en tan buen estado que no parecían venir de desguaces o cementerios. La noticia corrió como reguero de pólvora, y los padres con hijos universitarios fueron allí a satisfacer las necesidades de sus retoños. Había algo extraño en cómo no paraban de sonreír.

Los chicos supieron la razón la siguiente noche de viernes.

Llevaban semanas, meses deseando poder ir a la discoteca en coche propio, y cuando salieron de sus clases tomaron todos la carretera, llenándola de acelerones y frenazos y chirridos de ruedas, un circo multicolor de carrocerías chillonas y altavoces vomitando música siderúrgica. Tras truculentas pugnas por las escasas plazas de aparcamiento de la zona, entraron en el local, bailaron y bebieron como posesos, y a la salida creyeron ser víctimas de una alucinación colectiva.


Pero, ¿es que no te leíste el manual de instrucciones del coche?, les respondieron sus padres cuando, a la mañana después, cansados y humillados por haber tenido que volver en transporte público, les contaron los hechos. Aquí dice que, si el coche no está en su plaza de garaje o sitio habitual a las doce de la noche, se convertirá en calabaza. ¿Es que no lo ves? Hijo, deberías aprender a fijarte en las cosas, un día de estos vas a perder el seso. ¿Qué me dices, que a Luis Antonio los ladrones de frutas le han robado su Panda? Vaya lo siento, pero tú comprenderás que yo no puedo hacer nada al respecto. Espero que tengas buen cuidado de que no te pase lo mismo.

La noche volvió a su sosiego habitual, y el negocio del hada prosperó, hasta el punto de que empezó a recibir encargos desde ciudades muy lejanas. Los chicos se seguían sacando el carnet de conducir, pero muchos se echaban a llorar en los hombros de los examinadores.

Terminada la conversación tras el último trago de vodka, Chuck aparta la botella de una patada, y los tres entran en el cobertizo con andares copiados de películas del Oeste.

Ninguno de los tormentos parece surtir efecto. Ni las palizas, ni las quemaduras hechas con cigarrillos, ni las descargas procedentes de la batería del coche, ni los sutiles métodos psicológicos con los que la KGB derrumbaba a sus víctimas. El hada sigue impertérrita, sus heridas cicatrizan al instante y los moratones le duran minutos.

Cuando ya sólo queda un cuarto de hora para que se ejecute la maldición diaria, la anciana escruta el reloj de Castro, se pone a pegar gritos cuando advierte la presencia de la motosierra que este trajo cinco minutos atrás, y pide entre sollozos que le dejen marchar. Los secuestradores se miran entre sí.


-¿Vas a deshacer el hechizo, tronca? –pregunta el Birriazi.

-Sí, sí, lo prometo. Lo juro por el espíritu de Albus Dumbledore y por el árbol donde encerraron a Merlín. Por favor, no me hagáis más daño.

-Si mañana nuestros coches vuelven a transformarse en espantajos, te busco donde sea y te mato.

-No, no. Vuestros coches no cambiarán, ni mañana ni ningún otro día.

-¿Os lo creéis?

-Es que no nos queda otra, macho –responde Chuck.

El Birriazi desata las manos a la anciana y le devuelve la varita. Mientras ella murmura unas frases apenas audibles, un bate, un puño americano y una motosierra apuntan a su corazón. Luego le vuelven a dejar como estaba, y esperan. Cuando llegan las doce, los jóvenes salen del cobertizo, y se ponen a pegar botes al comprobar que el coche permanece constante. Abren una botella de ginebra venenosa, y se la pimplan entre risotadas y música atronadora. Sueltan al hada, quien desaparece al instante.

Poco después, los tres chicos empiezan a sufrir convulsiones, y a retorcerse en el suelo.

A primera hora de la mañana siguiente, aparece por ahí una banda de ladrones de frutas. Encuentran al lado de un automóvil vacío, y en medio de unos jirones de ropa abandonada, tres calabazas que están diciendo cómeme. Sonríen.

10 comentarios:

LCS dijo...

Tan bueno y surrealista como siempre.

Por cierto:

"Lo juro por el espíritu de Albus Dumbledore" Esto es un spoiler en toda la regla y debería haber avisado. Imagínate si no me hubiera leído ya todo el Harry Potter.

LCS dijo...

Sí, es esa la página de la que te hablé. Creo que merece la pena echarle un vistazo. Sobre todo a los foros.

Anónimo dijo...

Hola:

Hemos visitado tu página y pensamos que podría ser interesante intercambiar banners o enlaces con la nuestra.

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Un saludo.

Entrespinos dijo...

¡Qué grande!

Tus relatos amenizan mis tediosas horas de clase de Diseño Web :D

¿De dónde sacarás esas ideas? Me pregunto yo...

Galiblog dijo...

Una idea original muy bien llevada. Jejeje, si con las mujeres no se puede jugar, con las brujas ni te cuento!

Mu weno socio, hacía tiempo que no te leía.

a seguir en el ajo!

viejecita dijo...

Pues yo con este cuento, lo he pasado fatal.
Comprendo que es muy bueno, pero entre lo de la motosierra, y los robadores de fruta...

¡¡¡ Socorro!!!

LCS dijo...

Estoy leyengo ahora a Terry Pratchett y me está encantando. Por cierto, me recuerda mucho a tí. Supongo que ya lo conoces.

Kermit dijo...

Hmmm, leí algo hace tiempo, pero fue en la pantalla del ordenador y no me convenció mucho. Tendré que probar otra vez.

Entrespinos dijo...

A mí de Pratchett el libro que más me gusta es Mort, es un puntazo!

LCS dijo...

Pues sigo con Pratchett. Ya voy por el tercero ("Ritos iguales"). El siguiente es "Mort". Por suerte tengo un compañero que los tiene todos y me los va pasando.

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