lunes, octubre 06, 2008

CAÍDA LIBRE

Desde lo alto de la inmensa mole, las calles de la Ciudad de los Rascacielos parecen intrascendentes hileras de luciérnagas. A esas horas, sólo algún helicóptero de la policía y las luces de aviones lejanos disputan la primacía a la luna, y Wendy se sorprende de la cantidad de estrellas que brillan en el firmamento. Y del silencio, de la quietud casi fantasmagórica que se respira.

Pero Wendy no está ahí, subida al pretil de la azotea de la torre Warwick, para respirar el frío aire de las alturas, ni para pasear su vista por encima de los demás colosos de la ciudad, que ahora parecen construcciones de juguete. En su rostro muestra una alegre determinación, que no flaquea ni cuando mira para abajo, y se encuentra con una pared casi infinita a sus pies.


Un par de segundos más tarde, se lanza al vacío.

Wendy cierra los ojos mientras vuela, no quiere ver las ventanas sucediéndose frenéticamente unas a otras, ni las luces de la calle acercándose como una ominosa línea de meta. Siempre le dio miedo la velocidad.

En esto, Wendy siente el contacto de unos brazos musculosos, que la sujetan y amortiguan su caída, hasta finalmente detenerla. Y su corazón se pone a redoblar.

Abre los ojos, y es él, sin ningún asomo de duda. El mechón de pelo alborotado cayendo sobre su frente, su sonrisa de cien quilates, su traje de fibras verdes, y la gran capa roja con la que advierte a los malhechores de su presencia. Wendy cree estar flotando en un sueño cuando vuela por encima de su instituto, y de las tiendas donde sus amigas estarán comprándose ropa en ese momento.

-¿Estás bien? –le pregunta el hombretón a la joven.

-¡Oh, Falcon Man, me has salvado la vida! –responde Wendy, clavando sus pupilas en el apolíneo rostro del héroe -. Tenía tantas ganas de conocerte.

-¡Eres una “groupie”! ¡No me lo puedo creer! –las cejas del ángel se arquean, y su sonrisa se transforma en un rictus.

-Es que eres tan guapo. Siempre he sido tu mayor admiradora, cada vez que te veía en la tele…


-¡Por culpa de las tontas como tú, estoy dejando de perseguir delitos! ¿Sabes que, ahora mismo, ha habido un alunizaje en la calle cincuenta y dos, y que los ladrones van a saquear la joyería impunemente gracias a ti?

-Ay, cariño, no te pongas…

-¡Cállate! –vocifera Falcon Man -. ¡Ahora te voy a dejar abajo, y no vuelvas a hacer esto nunca más!

Pero el propósito del superhéroe se ve frustrado cuando ve en la lejanía a otra joven, lanzándose en caída libre desde la gárgola de la azotea de la Torre Roe.

6 comentarios:

maria dijo...

Pobrecito Falcon Man. Es que las chicas son unas pesadas...

Elisa dijo...

Lo que pasa es que Falcon Man tendrá superpoderes y todo lo que se quiera, pero no tiene ni idea de priorizar.

elena dijo...

Desde luego, eso de ser guapo tiene sus pegas. Ahora, cuando pase un tiempo y ninguna damisela se tire para ser rescatada, seguro que lo echa de menos (o no)

Serio Pérez dijo...

Me pregunto qué haría Falcon Man ante el dilema moral de rescatar a una paparazza de ¿Dónde estas corazón?, que aprovechara el vuelo para preguntar al héroe por su última experiencia sexual.

elisa dijo...

Soltarla en cuanto le hiciera la preguntita. Pero no lo haría porque ya digo que, de priorizar, ná de ná. Se ve que el pobre no aprende.

Ro dijo...

Tantas estúpidas películas de superheroes que se han hecho desde el 11-S... y ninguna que aborde esta situación...

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