lunes, julio 07, 2008

CRECIMIENTO CERO

Un pequeño parque de Madrid, un sábado por la mañana. Un grupo de niños juega en los columpios y en el tobogán, mientras, sentados en los bancos de madera, sus padres los vigilan y charlan entre ellos. Cerca de la zona infantil, una mujer entrada en años pasea con una criaturita que no levanta un metro del suelo.

En esto, se les acerca una señora sospechosamente rubia.


-¿Laura Martínez? –pregunta la oxigenada -. ¿Laura, eres tú? Soy Cuca, ¿te acuerdas? Estuvimos juntas en la Universidad.

-¡Ah, sí, Cuca Higueruela! –responde Laura -. ¡Cuánto tiempo! Pero déjame mirarte, que has cambiado un montón. ¡Estás guapísima!

Tras darse unos sonoros besos, Cuca se inclina para observar al querubín.

-¿Y quién es este niño tan guapo? ¡Pero mira qué mofletitos tienes, ay qué ricura! –le hace una carantoña que está a punto de arrancarle parte de la piel -. ¿Es tu nieto, Laurita? ¡Si es que dan ganas de comérselo! –y le da un amoroso pellizco en la nariz, al que acompaña con un muestrario de soniditos onomatopéyicos.

-¡Señora, déjeme en paz, que tengo veintisiete años y soy ingeniero aeronáutico! –se defiende el angelito, con voz de niño pequeño pero dicción de persona de mucha más edad.

-Si, es cierto- se explica nerviosamente Laura -. Este es mi hijo Carlos. ¿No te acuerdas de que viniste a su bautizo, poco antes de irte a vivir a París?

-Ah, sí, je je. Huy, me estoy dando cuenta de que se me está haciendo muy tarde. Bueno, Laurita, a ver si quedamos algún día, para tomar el té! ¡Adiós, Carlitos, me ha hecho mucha ilusión conocerte!

-¡Sí, señora, la culpa es mi madre, a quien le dio por pedir que yo no creciera, y que me quedará así de mono para siempre! –brama el microbio, antes de que Cuca haya tenido tiempo de desaparecer por las calles aledañas -. ¿Se entera?


-Ay, Carlos no te pongas así –suplica Laura, con los ojos vidriosos -. ¿Quién iba a pensar que a mi hada madrina le daría por hacerme caso?

La criaturita responde con un indignado silencio, mientras los padres de los niños del parque hacen poco esfuerzo por esconder sus sonrisas, y sus hijos se ríen abiertamente.

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