lunes, julio 14, 2008

BUSCANDO EL TIGRE

Una tarde de domingo de principios de julio. Unos amigos estamos participando en un maratón fotográfico, desafiando al sol y al calor y al vacío provocado en las calles de Madrid por la enésima final Nadal-Federer. La prueba consiste en quedar con el organizador, en distintos momentos y lugares, y que este nos vaya proponiendo los temas en los que nos enfrascaremos durante la siguiente hora.

A las ocho y media, todos los maratonianos estamos en el arco de Cuchilleros. El organizador, muy profesionalmente, nos da a todos unos papelitos que contienen el objetivo de la siguiente etapa y el próximo lugar de reunión. Tenemos que sacar dos retratos, leo, y estar a las nueve y media en el monumento a Daoiz y Velarde, en la plaza del Dos de Mayo. Sin embargo, Carmen no está de acuerdo.


-Ay, yo es que he quedado en el Respiro. ¿Por qué no vamos todos allí, y nos tomamos unas cervecitas de buen rollo?

-Por mí no hay ningún problema –contesta el organizador -. Si a todos os parece bien, vamos para allá. Pero, ¿dónde está el sitio ese?

-En Chueca, al lado del Tigre.

-Sí, mira, no tiene pérdida –añade Carmen, al ver mi cara de desconcierto -. El Tigre es un sitio súper conocido. Tú vete a Chueca y pregunta a cualquiera, que ya verás cómo se lo sabe.

Poco tiempo después, el organizador da una señal, los maratonianos nos dispersamos, y cada uno de los grupillos que se forman busca la inspiración siguiendo diferentes rumbos. Un amigo y yo vemos, en el escaparate de una tienda de electrónica, una parte de la enésima final Nadal-Federer, hasta que la lluvia la interrumpe. Y luego seguimos, calle arriba.

Finalmente, llegamos al barrio de Chueca, donde hay una animación nada propia de día de enésima final Nadal-Federer. El Tigre no está a la vista, decido seguir las directrices de Carmen y pregunto a la primera persona que se me cruza.

-Perdona, ¿me puedes decir dónde está el Tigre?


-¿El tigre? ¡Pero si Soy yo! ¿Por qué me buscas tan afanosamente?

Y, mientras mi amigo se aleja no muy discretamente, yo me quedo con la boca abierta y sin saber qué decir.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

hombre, la verdad es que como forma de ligar, es buena. Pero lo sorprendente sería que en chueca un cuerpo de escándalo preguntase por el tigre y el interlocutor no empezase a rugir y señalarse seductoramente.

Pero te perdiste el auténtico tigre, que yo sepa en la calle infantas, tugurillo donde al parecer dan unas raciones maravillosas (Teresa dixit)

Un abrazo,

Elena

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