lunes, junio 02, 2008

A LO BONZO

Una plácida tarde de verano en la plaza de la República. Los enjambres de turistas -mapas, riñoneras, gorras, y camisetas de equipos de todo tipo de deportes -posan sonrientes delante del Palacio Presidencial, mientras los viejos de los bancos los miran entre divertidos y escandalizados, y los pájaros y las ardillas hacen su agosto entre los restos que van dejando. Los tañidos de una iglesia cercana intentan abrirse camino entre la políglota barahúnda de risas, chillidos, órdenes y comentarios, no lo llegan a conseguir del todo.

En esto, un joven con aspecto de haber dormido poco se abre paso entre la multitud. Lleva un bidón de litro que suena a lleno, cuando está a unos diez metros de la puerta del palacio se para, desenrosca el tapón, y vierte el contenido del recipiente sobre sí. Los centinelas mantienen la quietud sepulcral para la que han sido entrenados, los turistas se apartan, y los objetivos de cientos de cámaras se giran en su dirección.


Tras unos segundos de pausa, el joven extrae un mechero de uno de los bolsillos de sus pantalones, lo enciende, y se lo acerca al corazón. Pero la llamarada que todo el mundo esperaba no llega a producirse, apenas arde una fracción infinitesimal de la camisa del joven, y quizá algunos pelos de su pecho. Y es un fuego tímido, de muy corta duración.

El joven hace unos intentos más sobre otras partes de su cuerpo, y los resultados son los mismos. Los turistas van poco a poco volviendo a su cacareo habitual, mientras el joven mira al cielo, como pidiendo explicaciones.

-Dichosos biocombustibles –murmura cinco minutos más tarde, mientras, esposado y acompañado de dos policías, camina hacia el furgón celular -. No valen para nada.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

un bonzo verde, hay que ver, es que los tiempos cambian que es una barbaridad. En cualquier caso, muy divertido

Elena

Creative Commons License
Los textos de este blog obra están bajo una licencia de Creative Commons.