lunes, marzo 31, 2008

TERAPIAS ALTERNATIVAS

-¿Rey qué? –el inspector Bermúdez mira perplejo a la sospechosa. Se ha formado un extraño silencio alrededor de ambos, como si los ruidos de los coches y de los bares hubieran quedado suspendidos en el aire. A escasos metros de ellos, la espectral luz de las farolas ilumina a los doloridos restos de un hombre, gimoteando mientras son llevados en camilla hacia una ambulancia.


-Reiki. Sanación mediante imposición de manos –balbucea la joven, sus asustados ojos rehuyendo al inspector.

-Pero, vamos a ver, Julia, usted no ha curado a ese tipo –el dedo del policía señala a los despojos -. ¡Usted le ha dado una paliza que ni el mismísimo Tyson!

-Es que todavía no domino la técnica. Señor inspector, le juro que la próxima vez no se me irá la mano.

¿Está en lo cierto Bermúdez cuando atisba una mueca burlona en el angelical rostro de la muchacha?

El embrujo se quiebra cuando uno de los agentes rompe a reír. Casi instantáneamente, los viandantes que se habían congregado en torno a la escena lo secundan. El inspector Bermúdez, que a duras penas consigue evitar el contagio, decide proseguir el interrogatorio en la intimidad de la comisaría.

Pocos minutos después, una leve llovizna comienza a limpiar la escena del crimen. Por entonces, ya no queda nadie.

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