domingo, septiembre 02, 2007

Y SOMBRA SERÉ

Quizás algún día conocerás quién soy en realidad. Quizás algún día averiguarás que el atildado, lánguido y algo chapado a la antigua barón Sunder, ese caballero centroeuropeo que durante un tiempo apareció por todas las fiestas a las que acudías, y que siempre tenía una copa de champán y unos cumplidos listos para ti, era algo más que un simpático e inofensivo excéntrico. Quizá algún día te enterarás de lo cerca que estuviste de caer en mis manos, y que si te perdoné fue únicamente por amor. Pero esta noche parto en mi negra nave, dulce Anne, y pronto estaré lejos de ti, sembrando el caos y la destrucción en algún país del cual no habrás oído ni hablar.


Sea cual sea mi destino, nunca habré de librarme de tu embrujo, y los recuerdos de tus ojos, de tus risas, de las palabras que me regalabas en los raros momentos en que conseguía estar a solas contigo, serán siempre agujas clavadas en mi corazón.

Que acaso jamás dejen de doler.

De haber sabido entonces cuál sería el alcance de mi sufrimiento, nunca habría acudido a aquella fiesta de lady Pitcairn en la que nos presentaron. ¿Te acuerdas, preciosa?, los canapés eran horribles y ambos nos reímos de los angelotes que había repartidos por todos los cuadros de los salones. Y luego sonó un vals de Strauss, y tú te fuiste a bailar con un mocetón alto y apuesto, que no tardé en saber que era tu prometido. Y te fuiste pronto a casa y yo te seguí, metamorfoseado en una nubecilla de polvo que se coló por una rendija de la ventana de tu habitación, y que se quedó extasiada al contemplar por primera vez tu cuerpo desnudo.

Sí, pequeña, me hubiera bastado una mordedura para subyugarte, y dos para hacerte mía para siempre. Y si no lo hice, fue porque, las noches en que Philip venía a hacerte compañía, vi la dicha reflejada en tu rostro. Vi la pasión cuando hacíais el amor, la alegría cuando os acariciabais en la cama, y supe que nunca estarías así conmigo. Que cederías a mis deseos únicamente movida por el poder de mi sortilegio, mecánicamente, sin ese brillo en los ojos que tanto he llegado a adorar. Igual que otras esposas que tomé en el pasado, loco de deseo, y que casi me alegré cuando sendas estacas en el corazón dieron fin a sus vidas.


Sin ti soy una sombra de quien podría ser, pero sombra seré, y como una sombra vagaré por las calles de donde me lleve mi destino. Adiós, preciosa Anne, llevaré tu recuerdo conmigo cuando tu luz lleve mucho tiempo apagada.

Si alguna vez conoces mi verdadera historia, no pienses mal de mí. Soy una criatura del mal, lo sé, pero esa criatura del mal te quiere, y te querrá siempre.

1 comentarios:

Sanjo dijo...

me encanta lo que has escrito...es, en i opinion, muy bueno. tiene una mezcla justa entre trzteza, crueldad y amor, o a lo mejor me equivoco y no es eso lo que quiere transmitir, pero yo entendí eso.
en serio me ha gustado.

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